Las pajilleras de la caridad ¿bulo o verdad?
Hace unos días un amigo me pasó un mail sobre una historia muy curiosa y que ya había escuchado anteriormente. Quiero compartirla para que tu si no la conoces ya, puedas conocerla.
En 1847 se creó en Malága, el Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, un grupo de mujeres que , sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo, a los soldados heridos en las batallas de la guerra de sucesión, con técnicas de masturbación. Por este motivo a estas mujeres se les empezó a conocer con el nombre de las pajilleras de caridad.
Esta curiosa idea vino de la mano de la Hermana Sor Esthel Sifuentes, una mujer de 45 años que trabajaba como enfermera en el Hospicio de San Juan de Dios. Sor Esthel al estar en continuo contacto con los soldados heridos, había notado que su estado de ánimo no era muy bueno, además de ser un grupo de hombres necesitados de afecto y otras carencias
de índole sexual. Por este motivo decidió ponerse manos a la obra, y realizar junto con la ayuda de otras hermanas, una "pajilla" diaria a los soldados, para relajarlos y hacer que se sintieran mejor.
Desde ese momento los ánimos cambiaron por completo y resultó ser algo muy favorable para todos, así que en vista del éxito, muchas voluntarias se unieron a la causa, para ayudar a las hermanas a realizar la tarea diaria.
A continuación te dejo el texto íntegro que relata la historia, para que puedas leerlo:
Un día como ayer, pero de mil ochocientos cuarenta y siete, se autorizaba la creación
(merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.
Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra de sucesión española .
La primigenia autora de tan peculiar idea, había sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una
religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio de San Juan de Dios. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a 'pajillear' a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado.
Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su 'pajilla' diaria. Los resultados fueron inmediatos. El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.
Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.
El éxito rotundo, se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajilleras por todo el territorio nacional, agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades. Surgieron de esta suerte, el Cuerpo de Palilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República .
En América latina, rara vez ajena a las modas metropolitanas, las pajilleras tuvieron también sus momentos de gloria. Durante la guerra civil mexicana, grandísimos auxilios brindaron a las tropas de todos los bandos, las Hermanas de la Consolación, organización laica (aunque cercana a la Iglesia) que ofrecieron la fatiga de sus muñecas para calmar los viriles ímpetus. Estas hermanitas recibieron pronto distintos y soeces apelativos, fruto del inagotable ingenio popular,
tales como las mami-chingonas o las ordeñamecos.
De México la costumbre pasó a las Antillas, en donde tuvieron particular éxito las sobagüevo dominicanas, todas ellas matronas sexagenarias que habían elegido ocupar sus tardes en esta peculiar forma deservicio social.
El último lugar en América donde hicieron fortuna estas abnegadas damas, fue el Brasil. Allí la columna Prestes fue acompañada en su marcha por una trouppe reducida pero eficiente de damitas paulistas –llamadas beixapau- aunque solamente se valían de ágiles movimientos de sus manos, conjuraban la melancolía de los soldados.
La costumbre desapareció tras la segunda guerra mundial y hasta la fecha se desconoce la
existencia de otras congregaciones. Diversas fuentes orales a orillas del Paraná comentan que en el villorrio conocido en el siglo XIX como Pago de los Arroyos hubo un pequeño agrupamiento dedicado durante algunas décadas a esa actividad. Eran conocidas como las Hijas de Nuestra Señora del Vergo Encarnado', en referencia y dudoso homenaje póstumo a su anciana fundadora, fallecida con las manos en la masa, junto a un soldado, en su día de descanso.
¿Que te parece la historia? Es curiosa ¿verdad?
Editado:
Si eras de los que creías que esta historia era verdad, siento decepcionarte, ya que otro amigo me ha confirmado que es un bulo. Puedes leerlo en este post.
Si esta historia o una parecida llegó a ocurrir, no lo sabremos, ya que no tenemos ninguna fuente fiable que pueda confirmarlo.
De todas maneras es curiosa y no tan descabellada para ser cierta. ¿Tu que opinas?
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Comentarios sobre Las pajilleras de la caridad ¿bulo o verdad?
¡Delirante y descacharrante! Me he reído un buen rato con la historieta y además me ha hecho recordar aquella peli francesa -Nacional 7 creo que era el título- donde los empleados de un hospital de discapacitados ayudaban a los internos a desplazarse hasta las meretrices a fin de poder desahogarse y pasar un buen rato. Eso sí, en aquel caso la ficción se basaba en hechos reales
¡Ay!, de verdad qué bueno es este blog. Tuve algunas dudas, hay muy buen nivel en esta categoría, pero me decidí a darte mi voto. Me has seducido, jajaja. A ver si me visitas y también te gusta mi blog.
Un abrazo y muchas felicidades.
Yo lo que quiero saber es de donde sacaste esa foto tan buena de la monja con tetas tan gordas y crucifijo... Eso me pone mas que las hermanas pajilleras.
Felicitaciones por el blog. Me encanta. Gracias
Un saludo
Resultaba un poco inverosímil. Pero graciosa, la verdad.
Aparte del descojone que me ha causado su lectura. Os imaginais la situación... parece sacada de la una pelicula de Torrente mas que de un serio pasaje historico.
A mi lo que me sorprende es lo pronto que rueda una historia urbana. Según he tratado de documentarme la susodicha monjita si existio no fué en dicha congregaíón ni en Málaga, si la buscais por internet solo hace a esta estupida refenrencia. ¿o no? probar y que tengais suerte. Pero reirme me he rido un rato.